Sábado 1 de septiembre,
eran las 5 y fracción de la tarde, me encontraba en Santiago en la jornada de “Líderes
Marianistas”, nos dividieron por delegaciones y nos tenían realizando una
dinámica, en la cual había que mencionar como queríamos que fuera recordado
nuestro paso por el colegio, yo me encontraba sentado sobre una mesa, a mi lado
derecho se encontraba mi polola y a mi lado izquierdo una ventana con vista a
uno de los tantos patios del colegio Parroquial San Miguel, y en realidad,
siempre que tocamos esos temas de la posible salida del colegio yo no les daba
seriedad, pero ese día fue especial, y es que varias cosas pasaron por mi
cabeza, varias ideas, varios temores, varios sueños, varios recuerdos…. Muchas cosas.
Y es que de verdad el
solo hecho de pensar que nos quedan 2 meses y medio de clases, pasa la cuenta, que
se vienen fechas muy importantes, que se terminan procesos, entre otros…
Pero lo más importante,
es que se acaba un ciclo, se acaban 14 años de preparación para la vida, para
dar ese gran paso en el cual dejaremos de ser niños, dejaremos de vivir casi
sin preocupaciones, y pasaremos de llenos a comenzar a escribir un nuevo
capítulo de un libro llamado “nuestro futuro”… un libro interminable, en el
cual cada día se escribe una página nueva, dejaremos de ver a los mismos
compañeros, profesores, auxiliares, amigos, a todos los que nos acostumbramos a
ver diariamente, dejarán de ser parte de nuestra rutina, y pasarán a nuestro
recuerdo, a ser parte de nuestra historia.
Es difícil no escribir
algo así sin emocionarse, pero lo único que queda por hacer es disfrutar todos
aquellos momentos que me quedan como alumno perteneciente a un colegio, como
joven que sigue en búsqueda de su destino, seguir aprovechando al máximo todo
las aventuras que tengo diariamente, todo eso y más, disfrutar lo último que
queda, lo último de esta historia llamada colegio que esta pronta a terminar…
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